sábado, 20 de febrero de 2010

Deportes N°4 - "El maracanazo"

El mundial de 1950 se disputó de una manera particular. En vez de disputarse los partidos de eliminación (utilizado hoy en día en todas las competiciones deportivas, no sólo en el fútbol). El reglamento determinaba que el campeón sería definido a través de una serie de partidos entre un grupo de finalistas. A este selecto grupo llegaron Brasil, Uruguay, España y Suecia.

El comienzo de la ronda final habia superado las expectativas del exigente público brasilero y de la prensa, ya que Brasil había derrotado categóricamente a Suecia (7-1) y España (6-1). Brasil había sumado cuatro puntos y era el líder del grupo, seguido por Uruguay que sólo había sumado tres puntos antes del partido decisivo (Había empatado con España 2-2 y derrotado a Suecia 3-2).

A pesar de no haberse programado con partidos por el tercer y cuarto puesto, ni final, el campeonato del mundo terminó teniendo dos equipos con posibilidades de quedarse con el título y otros dos sin ninguna posibilidad. A Brasil le bastaba un empate para ser campeón en su país. Uruguay necesitaba de un milagro. Debía ganar o ganar, frente al país organizador

La prensa especializada y el público en general habían comenzado a proclamar a Brasil como el nuevo campeón mundial días antes de la final. Sobraban razones para pensarlo. Brasil habia ganado sus últimos dos partidos holgadamente. Por otro lado, Uruguay había encontrado mucha dificultad en sus juegos contra España y Suecia.

Previa del partido

El 16 de Julio de 1950 por la mañana, las calles de Rio de Janeiro estaban alborotadas. Un carnaval improvisado fue organizado, con miles de carteles celebrando el título mundial. El Marcana estaba rebalsado con aproximadamente 200.000 espectadores. Hasta el día de hoy continua siendo un record.

Dentro del vestuario, momentos antes del partido, el técnico uruguayo Juan Lóles determinó que una estrategia defensiva seria el modo mas adecuado de encarar el poder ofensivo brasilero.
Después que el salió, Obdulio Varela, capitán del equipo, se levantó y hablo para el equipo: “Juacito es un buen hombre, pero hoy está equivocado. Si jugamos defensivamente, nuestro destino no será diferente al de España y Suecia. Varela entonces hizo un discurso emocionado sobre como ellos debían encarar todas las dificultades y no ser intimados por la hinchada brasileras. El discurso, como luego fue confirmado, tuvo una enorme importancia en el desenlace del partido. Terminó su discurso diciendo "Muchachos, los de afuera son de palo. Que comience la función"

El partido

Al principio, el partido empezó con una inminente avalancha brasilera contra el defensivo equipo uruguayo. Sin embargo, diferente de España y Suecia, la línea defensiva de Uruguay consiguió defender su valla. El primer tiempo terminó sin goles, y aún con el resultado siendo favorable para Brasil, la estrategia de Uruguay consiguió disminuir la intensidad de la hinchada.

Brasil marcó el primer gol del juego a los dos minutos del segundo tiempo, lo que activó nuevamente a la hinchada. En ese momento Varela volvió a jugar un papel muy importante, al agarrar la pelota y discutir con el juez la valides del gol, argumentando que estaba en off-side. Varela llevó la pelota al medio del campo y gritó: “Ahora es la hora de ganar”.

Fue entonces, cuando Uruguay realmente consiguió revertir el resultado. Bendecido con una admirable capacidad ofensiva, el equipo de Brasil mostró los pecados que su defensa cometía y a los 21 minutos, Juan Alberto Shiaffino empató el marcador. La multitud se calló un poco antes de hacer erupción de gritos y vivas para su jugadores, poco ante de que Alcides Edgardo Ghiggia, corriera por el lado derecho de la cancha e hiciera otro gol, 11 minutos antes del final. La multitud enmudeció y así continuó hasta que George Reader, de Inglaterra, pitara el final.

Jules Rimet, presidente de la FIFA, y organizador de la copa, había preparado un discurso en portugués para felicitar a los que él consideraba, iban a se los ganadores. Todo cambió, cuando yendo hacia el campo, no escuchó más la multitud. No había celebración, ni himno.

La federación brasilera había mandado hacer 22 medallas e oro con los nombres de los jugadores (para esa época la FIFA no daba medallas a los ganadores). Las medallas nunca fuero utilizadas
Luego del partido

La sociedad brasilera quedo absorta luego de la copa. Muchos diarios se negaban a aceptar el hecho que la selección había sido derrotada. Algunos jugadores se retiraron, mientras que otros nunca más fueron tenidos en cuenta para la selección.

La selección brasilera decidió cambiar los colores de los uniformes después de la derrota, ya que consideraban que había llevado mala suerte. Antes del Maracanazo, el uniforme titular era camisa blanca con cuello azul y medias blancas.

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